Artrosis de rodilla: síntomas, diagnóstico y opciones de tratamiento

Artrosis de rodilla: síntomas, diagnóstico y opciones de tratamiento

Introducción

La artrosis de rodilla (gonartrosis) es una enfermedad degenerativa caracterizada por el desgaste progresivo del cartílago articular y es una de las condiciones más comunes que afectan a las articulaciones en los seres humanos. Se presenta con mayor frecuencia en personas de edad avanzada, aunque también puede aparecer en personas más jóvenes debido a lesiones previas en la rodilla, como fracturas o lesiones meniscales.

El dolor es el síntoma fundamental del paciente con artrosis de rodilla. Esta patología es más frecuente en mujeres que en hombres, especialmente después de la menopausia. La obesidad es un factor importante en el desarrollo de la artrosis de rodilla, ya que incrementa la carga sobre la articulación y afecta la capacidad del cuerpo para soportar peso y realizar movimientos. La artrosis de rodilla se desarrolla lentamente y la progresión del dolor suele seguir la misma evolución, aunque pueden presentarse descompensaciones espontáneas. Puede estar asociada a una inflamación sinovial crónica y, como consecuencia del desgaste progresivo, pueden aparecer deformidad o discapacidad. Es importante diferenciar la artrosis de la artritis, ya que aunque pueden confundirse, la artritis tiene causas y tratamientos diferentes. No existe una cura definitiva para la artrosis de rodilla, pero hay tratamientos que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida de los pacientes.

¿Qué ocurre en la artrosis?

Se producen:

  • Degeneración del cartílago articular
  • Cambios en el hueso subcondral
  • Inflamación de bajo grado
  • Alteraciones en la mecánica articular, lo que dificulta el movimiento normal de la rodilla y puede limitar la función de la pierna

La artrosis de rodilla puede afectar diferentes zonas de la articulación, como los compartimentos medial, lateral y patelofemoral.

La evaluación clínica de la artrosis de rodilla implica la medida de la funcionalidad y el grado de afectación, lo que ayuda a determinar la gravedad y el progreso de la enfermedad. A medida que avanza, pueden surgir problemas adicionales como deformidad o discapacidad, afectando la musculatura y la articulación de la pierna.

Algunos estudios sugieren que el consumo de alimentos ricos en selenio podría estar relacionado con el riesgo de desarrollar artrosis de rodilla.

Actualmente se sabe que la artrosis no es solo “desgaste”, sino una condición multifactorial.

Causas de la artrosis de rodilla

La artrosis de rodilla es una enfermedad que afecta a las articulaciones y se produce principalmente por el desgaste progresivo del cartílago que recubre los extremos de los huesos. Este proceso de degeneración puede estar influido por varios factores. La edad es uno de los principales, ya que con el paso del tiempo el cartílago pierde su capacidad de regenerarse y se vuelve más frágil. El sobrepeso también juega un papel importante, ya que aumenta la carga sobre la rodilla y acelera el desgaste del tejido articular. Además, la falta de ejercicio puede debilitar los músculos que protegen la articulación, favoreciendo la aparición de dolor y rigidez. Otros factores como la genética, traumatismos previos, lesiones meniscales o ligamentosas, y la inflamación crónica pueden contribuir al desarrollo de esta patología. La artrosis de rodilla es una condición frecuente en la población adulta y su prevalencia aumenta en todo el mundo, afectando la movilidad y la calidad de vida de millones de personas..

Síntomas más comunes

  • Dolor mecánico
  • Rigidez matutina
  • Limitación funcional
  • Crepitaciones articulares

La rigidez y el dolor pueden empeorar tras periodos de reposo prolongado. Actividades como subir y bajar escaleras suelen aumentar el dolor en pacientes con artrosis de rodilla. Además, el tipo y la intensidad de la actividad física y la realización de ejercicios para mejorar la rigidez de rodilla pueden influir en la aparición y gravedad de los síntomas..

Diagnóstico

El diagnóstico de la artrosis de rodilla comienza con la evaluación de los síntomas que experimentan los pacientes, como dolor, rigidez, inflamación y, en ocasiones, deformidad en la articulación. Durante la consulta, el doctor realiza una exploración física para detectar signos de degeneración, como la pérdida de movilidad y la presencia de crepitaciones o cambios en la forma de la rodilla. Para confirmar el diagnóstico y valorar el grado de afectación, se utilizan pruebas complementarias como radiografías, que permiten observar el estado del cartílago y los huesos, y en algunos casos, resonancia magnética para analizar el tejido blando. Es fundamental que los pacientes consulten a un especialista ante la aparición de dolor crónico de rodilla y artrosis, ya que un diagnóstico temprano facilita la elección del tratamiento más adecuado y ayuda a preservar la funcionalidad de la rodilla..

Tratamiento de la artrosis de rodilla

El tratamiento de la artrosis de rodilla tiene como objetivo principal aliviar el dolor, reducir la inflamación y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Una de las medidas más recomendadas es el ejercicio adaptado, que ayuda a mantener la movilidad y fortalecer los músculos que rodean la articulación. La fisioterapia es clave para recuperar la función y disminuir las molestias, utilizando técnicas personalizadas según el grado de degeneración, y puede combinarse con abordajes similares a los usados para aliviar los dolores de la artrosis de cadera cuando existen problemas en varias articulaciones.. En algunos casos, se recurre a medicamentos antiinflamatorios y analgésicos para controlar los síntomas. Cuando la artrosis está avanzada y limita gravemente la movilidad, la cirugía ortopédica y traumatología puede ser necesaria, incluyendo el reemplazo de la articulación por una prótesis. Cada tratamiento debe ser individualizado, teniendo en cuenta las necesidades y características de cada persona, para lograr el mejor resultado posible y favorecer la autonomía en las actividades diarias.

Medidas preventivas

Prevenir la artrosis de rodilla es posible adoptando una serie de hábitos saludables y medidas de protección. Mantener un peso adecuado es fundamental, ya que el sobrepeso incrementa la carga sobre la articulación y favorece el desgaste del cartílago. Realizar ejercicio de forma regular, como caminar, nadar o practicar bicicleta, ayuda a fortalecer los músculos y a mantener la movilidad de la rodilla sin someterla a un impacto excesivo. Es importante evitar actividades que impliquen movimientos repetitivos o bruscos, así como proteger la articulación ante posibles traumatismos o lesiones. Las personas con factores de riesgo, como antecedentes familiares de artrosis u obesidad, deben prestar especial atención a estos consejos y consultar a un doctor para recibir recomendaciones personalizadas. Adoptar estas medidas puede reducir significativamente la probabilidad de desarrollar esta patología y contribuir a una mejor calidad de vida.

Evidencia científica y ejercicio

Numerosos estudios muestran que el ejercicio terapéutico es una de las intervenciones más eficaces para mejorar dolor y función, incluso en fases avanzadas. Realizar ejercicios específicos varias veces por semana es fundamental, ya que la frecuencia (veces) con la que se practican influye directamente en los resultados obtenidos. Además, la manera en que se aborda el tratamiento de la artrosis de rodilla puede variar desde medidas conservadoras, como el uso de fisioterapia, dispositivos ortopédicos y cambios en el estilo de vida, hasta procedimientos quirúrgicos en casos más avanzados.

Es importante implementar medidas para aliviar el dolor y prevenir el avance de la enfermedad, así como medir de forma periódica la mejoría en la función y el dolor para evaluar la efectividad del tratamiento. El uso de dispositivos ortopédicos puede ayudar a alinear correctamente la rodilla y redistribuir el peso sobre la articulación, mientras que la fisioterapia y los ejercicios de fortalecimiento muscular de las extremidades inferiores contribuyen a disminuir el dolor y mejorar la movilidad.

Entre los procedimientos quirúrgicos disponibles se encuentran la artroscopia, la osteotomía, la prótesis total o parcial de rodilla y la artrodesis, cada uno indicado según la gravedad y las necesidades del paciente. Las infiltraciones de ácido hialurónico, por su parte, mejoran la lubricación y amortiguación de la articulación, y su uso está recomendado para reducir la inflamación y mejorar la función en casos seleccionados. No obstante, en algunos países, el acceso a ciertos tratamientos puede estar limitado por embargo o restricciones comerciales.

Es fundamental consultar con un especialista para personalizar el tratamiento según el grado de la artrosis, ya que los efectos de los tratamientos y medicamentos pueden variar, incluyendo tanto beneficios como posibles efectos secundarios.

Bibliografía

  • Hunter, D. J., Bierma-Zeinstra, S. (2019). Osteoarthritis. The Lancet.
  • Fransen, M. et al. (2015). Exercise for osteoarthritis of the knee. Cochrane Review.
  • Felson, D. T. (2013). Osteoarthritis as a disease of mechanics. Osteoarthritis and Cartilage.

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